A Desiree no le hacía falta título de bachiller. Por eso se ve más ridículo aún el lío en que está metida.
En tiempos de movimientos sociales, hartazgo de la clase política y saturación del sistema corporativo, en Bolivia quedan pocos liderazgos como el de ella. No lo consiguió en la escuela ni en la secundaria ni en la Universidad. Para leer un informe, se pone y se saca los lentes seguramente antes de terminar una oración porque ni siquiera le interesa lo que dicen los papeles. Esas cosas la acobardan y no la avergüenza no tener idea de los rimbombantes discursos que enumeran articulados de leyes, preceptos constitucionales, hipótesis, teorías y demás pseudoacadémicas argucias de letrados y asesores que se alimentan de la burocracia.