lunes, 13 de diciembre de 2010

Villa Soldati, la otra cara de la inmoralidad

Mauricio Macri, de empresario exitoso a político aprendiz: hoy es quemado en la hoguera de la inquisición farisea por decir -como un bruto- lo que piensa y aplicar las normas urbanas en la capital argentina


"Ser bolita" en la Capital Federal argentina no es pecado sino delito, para el caso de Villa Soldati.  Tan delictivo como ese oficio ilícito tan arraigado, fuera y dentro del país, de "okupa" o "loteador".

¿Pecado ser boliviano en Buenos Aires? ¡Loteadores de cuello blanco y multicolor en los terrenos de Blooming, en Pampa de la Isla, en Las Palmas y en Villa Soldati y burro Macri, pero por bocón!

En Villa Soldati pasó que a las 1500 familias con carpa que se asentaron para apropiarse de tierra que no es suya, vino una autoridad y les aplicó el desalojo.  Más allá de lo poco político que pueda esperarse del empresario Mauricio Macri, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires:  los "loteadores", procedan del Obelisco, de Paraguay o de España, dispusieron -porque les dio la gana- que ese área verde iba a ser su nuevo domicilio.  No hay acción espontánea ni reacción iluminada:  se asentaron con carpas compradas en el comercio porteño, en una acción organizada (1500 familias no son un grupo de hormigas desorientadas por la tormenta) y un objetivo claro.

Francamente, los sentimientos que provocan los hechos violentos y fatales acontecidos los últimos días dan ganas de mandar a todos a buena parte.  Fariseos rasgándose las vestiduras en este enésimo entuerto de la historia de la humanidad, donde la peor parte (lógicamente, aparte de los muertos que nadie salvo sus familias recordarán) la lleva la autoridad llamada a hacer respetar las normas y los espacios públicos, por más facho que lo llamen, por más bostero que sea y por más feliz que haga su desgracia a los estúpidos que sacan cuentas del bajón de popularidad en las encuestas para Macri.

Voy a hablar desde donde sé:  no de memoria, ni de recién llegada.  "Decir 'boliviano' en Buenos Aires es un pecado" titula hoy el diario boliviano de mayor circulación nacional, El Deber.  Y me indigna porque no es así:  ser boliviano loteador es un delito, ésa es la realidad.  En Buenos Aires y en Santa Cruz de la Sierra.
Soy platense de nacimiento y cruceña de origen: he comprobado tanto en La Plata, como en Buenos Aires y alrededores que los bolivianos son tenidos como personas de mucho trabajo, valoradas en la albañilería y en la hortifruticultura, fundamentalmente, oficios que décadas atrás realizaban los migrantes españoles e italianos y que hoy, los argentinos desestiman en busca de trabajos menos forzados.

Los viejos almacenes de barrio, otrora atendidos con esa poderosa voz socarrona de tanos y gallegos, hoy desplazados por las grandes cadenas de supermercados impersonales o las desconfiables e insalubres tiendas administradas por chinos, en muchos casos, tienen una familia boliviana a cargo:  una familia que atiende entera, desde la señora, el esposo, los hijos mayores, nueras y yernos, familias que han aprendido y mantenido, en lo posible, las costumbres argentinas y mantienen la limpieza, la cadena de frío para los productos perecederos, el corte de fiambres, el peso del pan, el orden, los precios, el cuaderno para fiar.
Ni qué decir de los bolivianos que hoy prácticamente "monopolizan" la producción de hortalizas y frutas en los alrededores de La Plata y, poco a poco, ocupan espacios importantes en las tradicionales ferias itinerantes de alimentos, aquellas que se asientan una jornada a la semana en cada rambla de la capital provincial:  a las 6 de la tarde, no queda una hoja de lechuga que recuerde el paso de toldos, cajones, papas, cebollas, pescados y otros productos de primera necesidad.

Hay miles de bolivianos en Argentina que son valorados afectuosamente por la familia argentina y le cambiaron la cara a eso del "bolita narco":  el argentino, naturalmente racista y discriminador incluso consigo mismo, ha llegado a separar su percepción del boliviano de la de otras nacionalidades migrantes menos congraciadas con el dueño de casa:  los peruanos son unos ladrones, los paraguayos son unos vagos, los brasucas son unos hdp (porque invaden y arrasan el comercio y el turismo argentinos).

Entonces, antes de estereotipar un gentilicio para fines poco creíbles, mejor ayudemos a ubicar las cosas en su justo medio.  El canciller Choquehuanca, si es que continúa siéndolo luego de sus últimas declaraciones, dijo horas atrás:  "A nuestros compatriotas, les pedimos que se avengan a las leyes del país en el que residen".  ¿Sólo lo escuché yo o fue un lapsus mental mío? ¡Porque es así! ¡Mientras acá están trabuscando hoteles y hostales persiguiendo extranjeros que residen sin los permisos migratorios correspondientes y sacándolos de patitas a la frontera, nuestros connacionales se creen con el derecho de apropiarse un terreno que no importa de quién sea pero no les pertenece! Y no nos vengamos a inventar que un loteador porque está en Buenos Aires es un boliviano pecador:  es un delincuente, igualito que cuando lotea en Pampa de la Isla, Plan Tres Mil o Las Palmas.

Otra cosa es que NADIE investiga quién está detrás del hecho delictivo y la muerte acecha donde el fusible se funde más pronto.  Allá y acá esos loteamientos u o'k'upamientos no son espontáneos (lo dijimos antes):  hay un 'vivo' que está haciendo un negocio, igual que con los asentamientos de comerciantes en la vía pública.  Y eso, queridos lectores, no es ni bolita ni gaucho:  es universal.

Como universal es el problema de la oportunidad de vivienda para todos, el cual mientras siga la política liberal de que sólo tiene lo que necesita quien paga lo que le pidan, seguirá siendo tan injusto y cruel como inmoral que quien tiene más de lo que necesita usure para acumular una riqueza que le está robando a otro.

Pero eso, es harina de otro costal.

Villa Soldati no desnuda una realidad social, como quieren hacernos ver los falsos que aprovechan para escribir o transmitir al vivo miserias humanas, los falsos que apuntan con el dedo inquisidor a la autoridad competente, los falsos que tiran piedras a los bolivianos en Argentina, los falsos que creen que la tierra se obtiene sin trabajo.  Villa Soldati es la desgraciada e inmoral forma de vida que quiere imponernos el libre mercado.  Puro especulación, puro ilícito, puro acumulación, puro valor del dinero sobre los valores de la vida.

1 comentarios:

  1. Desde cuando decir "la verdad" del lado de la ley es censurable, en que parte del camino perdimos el norte de la moralidad, el reconocimiento del derecho del projimo y la capacidad de obedecer la ley?

    ResponderSuprimir