Lo que pasó no fue un terremoto, ni un volcán en erupción, ni un maremoto, ni siquiera una crecida del río: se derrumbó -como cae un candado- un edificio de 10 pisos, enterró a 20 personas y tuvimos que pedir socorro a los que saben fuera del país, porque en la locomotora de Bolivia hay mucha plata para invertir en construcciones y para joda, pero ningún equipo profesionalmente capacitado, apoyado, equipado y entrenado para tamaña tragedia en una ciudad de 2 millones de habitantes.
No nos azotó el cambio climático ni nos devastó un fenómeno natural: sin embargo, este 29 de enero de 2011, atrapados entre la improvisación, la negligencia, la soberbia y la ambición, cruzamos el límite y jugamos a Dios declarando muertos a seres humanos que ingresaron vivos a un edificio en construcción y no los vimos salir de entre sus ruinas.
¿Qué nos van a decir? ¿Hicimos lo que pudimos? ¿No pasa todos los días, fue una desgracia? ¿No sabía nada?
Irresponsables y corruptos por creernos muy astutos saltando normas para beneficio propio y cómplices de quien se presta a hacerse de la vista gorda a cambio de favores, somos casi todos; responsables de lo que algunos pronto calificaron como “lo que se venía venir”: pocos y tienen nombre y cargo.
No hay salvación inventando nuevas normas si es que no dejamos de enterrar dinero en bienes materiales e invertimos en hacernos funcionar como ciudad y ciudadanos, así como sancionar y destituir a connivientes en trámites y acciones cuyo incumplimiento de requisitos conlleva la vida de uno mismo y de los demás: desde las licencias de conducir a cualquiera, de funcionamiento de negocios sin emergencias ni sanitarios pasando por vehículos destrozados circulando con viñeta; obras sin carteles ni desvíos ni señas o abiertas a su uso sin concluir, manipulación de alimentos, espectáculos públicos, etc.
Es necesario honrar un compromiso: nunca más. Le pese a quien le pese.
Plenamente de acuerdo con la publicación de Idearia. Tiene que servir esta tragedia para de una vez cambiar las cosas, si no esa gente habrá muerto en vano y se habrá aplazado la posibilidad de construir (socialmente) una ciudad mejor.
ResponderSuprimirSoy de Cochabamba, esta desgracia no es solo del pueblo cruceño es de todo el país; yo siento mucho dolor pero también mucha bronca (conocía a Marcelo Niño de Guzmán fue mi muy querido amigo y vecino y estudie en colegio con Armando Ribera.)
ResponderSuprimirCada uno puede contar tantas cosas sobre la irresponsabilidad de autoridades, constructores y sobre todo la falta de normas, supervisión y control; yo compre una casa en Bella Vista de la empresa COBOCE acá en mi ciudad, la GARANTIA era de 3 meses, ¿se imaginan?
Cuando en las casas u/o edificios aparece una rajadura los constructores te dice es normal y muy sueltos de cuerpo te dicen "siempre hay asentamientos ¿de qué haces problema?”.
Estos años busqué la forma de ganarme la vida ofreciéndome como administrador de edificios, visité muchos edificios ,pues TODOS tienen problemas en Cochabamba, la gente vive como en un polvorín, pero al parecer a nadie le importa. hogarsegurobolivia@gmail.com
Dicen que mi ciudad es zona sísmica (recordar los terremotos: el de Sipe Sipe en 1909 y el de Aiquile en 1998 que fue terrible) ¿cuántos edificios y casas tiene previsto este aspecto? NO HAY NORMATIVA ANTISISMICA. Miren en Chile PESE que las construcciones eran antisísmicas pasó que muchas edificaciones colapsaron, PERO PODRIA haber sido mucho peor si es que no hubiese las normativa y el control responsables de las autoridades chilenas.
Las alcaldías deberían hacer más serio el control de las edificaciones, tener laboratorios para el control de la calidad de materiales; los constructores deberían mandar muestras TODOS los días para verificar si las mezclas del concreto son las correctas. Las alcaldías deberían de coordinar con las empresas de distribución de gas, electricidad, agua, etc. para hacer una verificación de la calidad de las instalaciones y de los materiales que están empleando; se podría coordinar con las Universidades algunas tienen laboratorios ya instalados; ahora ¿quien controla los materiales eléctricos que compran en el mercado informal?, nadie debería poner en sus casas materiales que no tengan un control de entidad competente, saben eso se hace en otros países: no se instala un enchufe que no cumpla normas (por ejemplo nunca hay aterramiento en los enchufes)
Hace pocos años ocurrió un incendio en un departamento de la Torres Soffer en la Av. Oquendo (por un problema eléctrico) ocurrió dos cosas NO HABIA ESCALERAS lo suficientemente largas y apropiadas en el departamento de bomberos; lo otro y más grave no había tomas de agua en los pisos del edificio, en realidad casi nadie tiene, en algunos casos hay pequeños extinguidores, pero ¡sorpresa! la recarga debe hacerse CADA AÑO y ves algunos con 4 y mas años ya vencidos
Como anécdota un amigo Holandés que sabía mucho de construcciones me contó que las mezclas que hacían los albañiles (en mi barrio) eran apenas un poco mejor que el adobe, y ahí está uno de los problema, todos delegan: el constructor al contratista y el a sus maestros, etc. todos quieren ganar plata y la forma es rebajar la calidad, hacer mezclas "pobres" (robando Cemento y en su lugar más arena) total así no mas se hacen las cosas y “nunca” pasa nada.
Max Munckel
munckel@hotmail.com ; hogarsegurobolivia@gmail.com
Lo cierto es que después de lo visto en Chile, me da una profunda vergüenza. Hemos dejado solos a esos pobres seres humanos. O sea que como país somos capaces de mandar ayuda a Haití pero somos incapaces de rescatar a nuestros conncionales. Si no fuera que amo ese país, porque es más que eso: es cultura, es afectos; me cambiaba de nacionalidad...
ResponderSuprimirHay que decir alto y claro lo que sentimos y salir a la calle...
Yoss
Las normas y leyes no están por gana y gusto,están para protegernos y si nos apegamos a ella podemos lamentarnos luego.Necesitamos cambiar nuestra forma de pensar y velar por el bien común y no solo por nuestros intereses y ambiciones.
ResponderSuprimirGabiña coincido totalmente, me queda un mal sabor, como ciudadana un sentimiento de orfandad. AH!
ResponderSuprimirCariños
Alejandra