Peabirú, hacia el Paraíso en guaraní, la alegoría de la Reina del Carnaval cruceño
¡Buen día y feliz Carnaval sin mentirse: el Corso no es más que la cumbre de fiestas privadas de Año Nuevo donde si no querés/podés pagar 200 por tarima, la opción es 100 por silla! ¡Los garages son sucursales reducidas del mismo gallinero de malla olímpica que separa los abrazos entre quien tiene y quien no tiene! ¡Y detrás de las tarimas el gran mercado persa de 2km. de masa, espuma y cerveza! ¡Es hora de devolverle el Corso a la gente y ponerlo en su sitio!El maravilloso desfile carnavalero de un par de días antes con un recorrido muy corto y poca difusión merece ocupar el mismo lugar y día del Corso, al igual que el mal llamado Corso de las Ciudadelas. Tampoco Santa Cruz de la Sierra puede volver a cerrar el tráfico casi una semana en una arteria vial tan importante como el Segundo Anillo y el Corsódromo (o como quieran llamarle) lo tiene hasta Gualeguaychú.La fiesta del Carnaval tiene sus bemoles en todas partes. Como en Barranquilla, Colombia: "Pero el Carnaval tiene que ajustarle clavijas a ciertos detallitos molestos: la excesiva comercialización de la que son muy conscientes el Ministerio de Cultura y la Fundación Carnaval, la primacía de los tráileres sobre las carrozas, algo que podría convertir la Batalla de Flores en una especie de paro camionero, y el alto precio de los palcos a los que - absurdamente - no quieren dejar ingresar alimentos y bebidas, como si no fuera suficiente la prohibición del libre acceso al espacio público. No obstante, la belleza, la fuerza, la emoción, el torbellino, la explosión de alegría y colores de nuestra fiesta máxima, tienen la virtud de eclipsar todo lo negativo, como la espuma, además, que llegó y se ha quedado pese a todos los supuestos controles". (El Heraldo, 6.3.2011, Colombia)Sobre las calles y los tres días de mojazón, poca gente en el Centro de la ciudad, comparando con años anteriores. Muchos optaron por salir a los alrededores. Wara Ysabel comenta: "Salí con mis hijos y el perro a las calles del centro, desde la Saavedra hasta la Ballivián, pasando por la Callejas. Estábamos preparados: chisguetes, lentes, pañoletas y bolsa. La perra también llevaba pañoleta y gafas. La pasé muy bien, no vi violencia, ni malos borrachos. Todos contentos y compartiendo todo. Vi un trompetista en silla de ruedas, gente que instala duchas en la acera e inmedible alegría."¡Juerza, Carnaval! |
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